"A bordo con nuestros lectores" / "A bordo com os nossos leitores”. ARTICULO EXTRAIDO DE LA REVISTA "VOILES ET VOILIERS".
A bordo con nuestros lectores”. ARTÍCULO DE LA REVISTA VOILES ET VOILERES. Entrevista a Vasco Magalhaes

Oct 2, 2026

“A bordo con nuestros lectores”

En el verano de 2024, tras participar en la 61.ª edición de la regata Rías Baixas en Galicia, descubrí la «Travesía Náutica Xacobea», una peregrinación marítima a Santiago de Compostela organizada por el Club da Auga de Galicia. Es una forma original de realizar el Camino de Santiago combinando la navegación y la caminata, permitiendo además obtener la «Compostela», el certificado oficial de la peregrinación. Galicia, situada en el noroeste de España y fronteriza con Portugal, es famosa por sus «rías», esas profundas penetraciones del mar en la tierra. Existen dos itinerarios náuticos para llegar a Compostela: la Ruta Norte, desde la ría de Ribadeo —la más occidental de las rías gallegas— hasta Portosín; y la Ruta Sur, desde Baiona hasta Boiro, en la ría de Arousa. Desde Portosín o Boiro, el peregrino continúa a pie el trayecto restante —unos 24 kilómetros— desde Padrón hasta Santiago de Compostela.

Tras los trámites habituales, emprendí la peregrinación

Como resido en Oporto (Portugal), decidí realizar esta ruta marítima partiendo desde el puerto deportivo del Duero (Marina do Douro), en la desembocadura del río, hasta Boiro, en la ría de Arousa: un recorrido de 142,6 millas náuticas seguido de 24 kilómetros a pie hasta Compostela. Siempre he vivido junto al mar y navego a vela desde los 13 años; he competido en diversas categorías de vela ligera y de crucero. He navegado por todas las Rías Bajas de Galicia, recorrido toda la costa portuguesa hasta el Guadiana y continuado hasta Gibraltar, antes de descubrir el Mediterráneo y el Adriático hasta Croacia. En 2023 vendí mi barco de regatas, un Beneteau 25 Platu. Ya jubilado, compré un pequeño velero de ocho metros, un Neptune Trident 80, con el que priorizo ​​la navegación de placer y en familia. A bordo de este barco, el 21 de julio de 2025, salí del puerto deportivo del Duero, en Oporto, para emprender mi travesía náutica hacia Santiago de Compostela.

Tras obtener mi credencial de peregrino en la catedral de Oporto —documento que se sellaría en cada puerto de escala—, formé una tripulación compuesta por mi hijo Tomás, ºuna persona experimentada y dos sobrinos que nunca antes habían navegado a vela.

Por la mañana, salimos del puerto deportivo del Duero en dirección a Viana do Castelo, la primera etapa situada al norte de Oporto. Una brisa ligera de unos diez nudos y un mar poco agitado nos permitieron navegar hacia el oeste, alejándonos hasta 5 millas náuticas de la costa para evitar realizar demasiadas viradas hasta Viana do Castelo. Como el viento fue disminuyendo progresivamente, en ocasiones tuvimos que utilizar el motor y llegamos de noche a Viana do Castelo tras recorrer 52,4 millas.

La entrada del río Lima, que conduce al puerto deportivo de Viana, es siempre especialmente ventosa, con rachas que superan fácilmente los 20 nudos. Sin embargo, la dificultad que siempre he encontrado sigue siendo el impresionante ballet de windsurfistas, kitesurfistas y practicantes de wing que invaden la desembocadura: en esos casos, es mejor arriar las velas y avanzar con precaución entre esas siluetas voladoras.

Tras pasar la noche allí y sellar de nuevo nuestro libreto de peregrinos, zarpamos de nuevo hacia el Real Club Náutico de Vigo, en Galicia. Las condiciones eran similares a las del día anterior, pero esta vez navegamos más cerca de la costa. A media mañana, entramos en aguas españolas. Incluso antes de doblar el cabo Silleiro, las islas Cíes ya aparecían en el horizonte, como dándonos la bienvenida. ¡Qué agradable sensación al llegar a las Rías Baixas, y qué momentos de navegación tan hermosos nos brindaron!

Simplemente disfrutando de los placeres sencillos de navegar.

Las islas Cíes forman parte del Parque Nacional de las Islas Atlánticas de Galicia. Conservadas y vírgenes, ofrecen magníficas playas y varias rutas de senderismo. El acceso es solo por mar, y el fondeo está regulado, aunque basta con solicitar un permiso en la página web del Parque.

Esta vez, la llegada a las Rías tuvo un aire muy diferente al de las regatas en las que he participado anteriormente. En una regata, toda la atención se centra en el recorrido, el trimado de las velas, la estrategia y las maniobras. Esta vez, simplemente disfrutamos de la belleza de las Islas Cíes y, a lo lejos, de las Islas Ons, frente a la ría de Pontevedra, antes de divisar la Isla de Salvora a la entrada de la ría de Arousa —la última de las Rías Baixas— a merced del viento y de nuestra embarcación. Entramos en la ría de Vigo y nos unimos al Club Náutico de Vigo tras 41,45 millas náuticas, donde nos sellaron las tarjetas de acceso para validar nuestro paso. Este club centenario, muy activo en el mundo de la vela, organiza cada año la famosa regata de las Rías Baixas, en la que he participado varias veces.

Al tercer día, tras un abundante desayuno, estaba muy entusiasmado y ansioso por zarpar. Era una mañana tranquila, con viento del Este que prometía una hermosa navegación en alta mar al salir de la ría de Vigo. Al abandonar el puerto deportivo, izamos la vela mayor y luego desplegamos el génova. Con vientos de 12 a 14 nudos, izamos rápidamente el spinnaker en Cangas, con rumbo aproximado de 280 grados, y el barco navegaba a 5,8 nudos, una buena velocidad para esta embarcación. Mantuvimos esta velocidad hasta llegar a la desembocadura de la ría de Vigo, dejando Cabo Home a estribor.

¡Qué alegría navegar a vela con viento constante! El día era precioso, con un sol radiante y un viento que iba aumentando ligeramente. Ya rumbo al Norte, viramos, con la vela de babor bien alineada, con rumbo de 30 grados. Frente a Punta Paredón do Río, tuvimos que virar brevemente para alejarnos de la costa hasta conseguir el ángulo necesario para poner rumbo al puerto deportivo de Sanxenxo, en la ría de Pontevedra. Fue un excelente día de navegación, una recompensa para todos después de dos días algo frustrantes por la falta de viento. Ese día disfrutamos de vientos de 15 a 16 nudos, que nos permitieron cubrir las 19,32 millas que nos separaban de Vigo.

 Disfrutando del momento antes de la última etapa

Sanxenxo estaba en pleno verano, repleto de gente, y las playas estaban abarrotadas, casi sin espacio para extender una toalla. Encontramos una mesa frente al mar, tomamos un tentempié, cenamos y degustamos los vinos locales: un blanco Godello bien frío y un tinto Mencía. Un buen momento de relax para repasar estos tres días, notando ya la falta de viento de los primeros. También compramos marisco para el almuerzo de la última etapa hasta Boiro, donde esperábamos un viento fuerte.  Al día siguiente comenzaríamos la última etapa, de Sanxenxo a Boiro, al final de la ría de Arousa, en el Club Náutico de Boiro, en Cabo de Cruz. El pronóstico era bueno.

Texto y fotos Vasco Magalhaes

Artículo extraido de la revista “VOILES ET VOILIERES

  ———————————————————————————–VERSION  EN PORTUGUES

“A bordo com os nossos leitores”

No verão de 2024, depois de ter participado na 61ª edição da Regata das Rias Baixas na Galiza, descobri a “Travessia Náutica Xacobeana”, uma peregrinação marítima a Santiago de Compostela organizada pelo Clube Náutico Galego. É uma forma original de fazer o Caminho de Santiago, combinando vela e caminhada, e permitindo também obter a “Compostela”, o certificado oficial de peregrinação. A Galiza, situada no noroeste de Espanha e na fronteira com Portugal, é famosa pelas suas “rías”, aquelas enseadas profundas. Existem duas rotas náuticas para chegar a Compostela: a Rota Norte, desde o estuário do Ribadeo — a ría mais ocidental da Galiza — até Portosín; e a Rota Sul, de Baiona a Boiro, no estuário do Arousa. A partir de Portosín ou Boiro, o peregrino continua a pé os restantes 24 quilómetros (15 milhas) de Padrón até Santiago de Compostela.

Após as formalidades habituais, embarquei na peregrinação.

Como vivo no Porto, Portugal, decidi fazer este percurso marítimo, partindo da Marina do Douro, na foz do rio, e navegando até Boiro, no estuário do Arousa: uma viagem de 142,6 milhas náuticas seguida de uma caminhada de 24 quilómetros até Santiago de Compostela. Sempre vivi perto do mar e da vela desde os 13 anos; competi em várias categorias de barcos à vela e de cruzeiro. Naveguei por todas as Rias Baixas da Galiza, explorei toda a costa portuguesa até ao rio Guadiana e continuei até Gibraltar, antes de descobrir o Mediterrâneo e o Adriático até à Croácia. Em 2023, vendi o meu veleiro de competição, um Beneteau 25 Platu. Agora renovado, comprei um pequeno veleiro de oito metros, um Neptune Trident 80, que utilizo sobretudo para passeios de lazer com a minha família. A bordo deste barco, no dia 21 de julho de 2025, zarpei da Marina do Douro, no Porto, para iniciar a minha viagem náutica em direção a Santiago de Compostela.

Depois de obter a minha credencial de peregrino na Catedral do Porto — um documento que seria carimbado em cada porto de escala — reuni uma tripulação composta pelo meu filho Tomás, um marinheiro experiente, e dois sobrinhos que nunca tinham navegado antes.

De manhã, partimos da Marina do Douro em direção a Viana do Castelo, a primeira etapa da nossa viagem, situada a norte do Porto. Uma brisa ligeira de cerca de 10 nós e o mar calmo permitiram-nos navegar para oeste, mantendo-nos até 5 milhas náuticas da costa para evitar muitas curvas no caminho para Viana do Castelo. À medida que o vento ia diminuindo gradualmente, precisámos ocasionalmente de utilizar o motor, e chegámos a Viana do Castelo à noite, depois de percorrer 52,4 milhas.

A foz do Rio Lima, que conduz à marina de Viana, é sempre particularmente ventosa, com rajadas que facilmente ultrapassam os 20 nós. No entanto, a dificuldade que sempre encontrei continua a ser o impressionante bailado de windsurfistas, kitesurfistas e pilotos de asa delta que se aglomeram na foz do rio: nestas situações, o melhor é baixar as velas e navegar com cautela entre aquelas silhuetas voadoras.

Depois de lá passarmos a noite e de termos o nosso diário de bordo carimbado mais uma vez, partimos para o Real Clube Náutico de Vigo, na Galiza. As condições eram semelhantes às do dia anterior, mas desta vez navegámos mais perto da costa. A meio da manhã, entrámos em águas espanholas. Mesmo antes de contornarmos o Cabo Silleiro, as Ilhas Cíes já despontavam no horizonte, como que a dar-nos as boas-vindas. Que sensação agradável foi chegar às Rias Baixas e que belos momentos de navegação nos proporcionaram!

Simplesmente a desfrutar dos prazeres simples da vela.

As Ilhas Cíes fazem parte do Parque Nacional das Ilhas Atlânticas da Galiza. Preservadas e intocadas, as Rias Baixas oferecem praias magníficas e diversos trilhos para caminhadas. O acesso é feito apenas por mar, sendo que a ancoragem é regulamentada, embora seja possível obter uma autorização através do site do Parque.

Desta vez, a chegada às Rias Baixas teve um ambiente bem diferente das regatas em que participei anteriormente. Numa regata, todas as atenções se concentram no percurso, no ajuste das velas, na estratégia e nas manobras. Desta vez, simplesmente apreciámos a beleza das Ilhas Cíes e, ao longe, as Ilhas Ons, em frente ao estuário de Pontevedra, antes de avistarmos a Ilha Sálvora à entrada do estuário de Arousa — a última das Rias Baixas — à mercê do vento e do nosso barco. Entrámos no estuário de Vigo e juntámo-nos ao Iate Clube de Vigo após 41,45 milhas náuticas, onde carimbaram os nossos cartões de acesso para validar a nossa passagem. Este clube centenário, muito activo no mundo da vela, organiza todos os anos a famosa Regata das Rias Baixas, na qual já participei por diversas vezes.

No terceiro dia, após um pequeno-almoço reforçado, estava muito animado e ansioso por zarpar. Estava uma manhã calma, com um vento de leste que prometia uma bela viagem em mar aberto, assim que saíssemos do estuário de Vigo. Ao sairmos da marina, içamos a vela mestra e, de seguida, desfraldamos a genoa. Com ventos de 12 a 14 nós, içámos rapidamente o spinnaker em Cangas, num rumo de aproximadamente 280 graus, e o barco navegava a 5,8 nós, uma boa velocidade para esta embarcação. Mantivemos esta velocidade até chegarmos à foz do estuário de Vigo, deixando o Cabo Home a estibordo.

Que alegria navegar com vento constante! O dia estava lindo, com um sol radioso e uma brisa que aumentava suavemente. Já navegando para norte, fizemos uma viragem de bordo, com a vela de bombordo perfeitamente alinhada, num rumo de 30 graus. Ao largo de Punta Paredón do Río, tivemos de fazer uma breve viragem de bordo para nos afastarmos da costa até atingirmos o ângulo necessário para rumarmos à marina de Sanxenxo, no estuário de Pontevedra. Foi um excelente dia de navegação, uma recompensa para todos depois de dois dias algo frustrantes devido à falta de vento. Nesse dia, desfrutámos de ventos de 15 a 16 nós, o que nos permitiu percorrer as 19,32 milhas náuticas que nos separavam de Vigo.

Aproveitando o momento antes da etapa final

Sanxenxo estava em pleno verão, apinhada de gente, e as praias transbordavam, quase sem espaço para estender uma toalha. Encontrámos uma mesa virada para o mar, lanchamos, jantámos e degustámos os vinhos locais: um Godello branco gelado e um Mencía tinto. Um bom momento para relaxar e refletir sobre estes últimos três dias, sentindo já a falta de vento desde os primeiros. Também comprámos marisco para o almoço no último troço até Boiro, onde esperávamos ventos fortes. No dia seguinte, iniciaríamos o último troço, de Sanxenxo a Boiro, no final do estuário do rio Arousa, no Iate Clube de Boiro, no Cabo da Cruz. A previsão era boa.

Texto e fotos de Vasco Magalhães

Artigo retirado da revista “VOILES ET VOILIERES”

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