Copa Galápagos 2025 XIII edición. ARTICULO
“LA LUZ EN LA PROA”. Por el capitán Ec. Andrés Rizzo R. Velero Negra 717, Swan 45

Oct 14, 2025

COPA GALAPAGOS. Copa Galápagos 2025 XIII edición

“LA LUZ EN LA PROA“

Eran 600 millas náuticas de desafío, viento y resistencia.Nuestro plan era completarlas en 72 horas , tres días y tres noches de navegación ininterrumpida, entre nubes y vientos cambiantes, también calmas y corrientes que parecían poner a prueba no solo al barco, sino a nosotros mismos. Zarpamos con todo en orden, sistemas calibrados, rumbo claro y la moral en alto.

Pero al caer la primera noche, cuando la luna apenas asomaba entre nubes bajas, un apagón total de instrumentos nos sumió en penumbra.El compás electrónico, las pantallas de navegación… todo en silencio. Solo el viento, el crujir del casco y el golpeteo del oleaje quedaban como guía. Sin rumbo electrónico ni coordenadas, nos enfrentamos al dilema: seguir a ciegas o retirarnos.

Fue entonces cuando, a unas pocas millas por la amura de babor, una luz blanca en la proa de otro barco apareció en el horizonte.Esa luz frágil, pero constante, se convirtió en nuestro único punto de referencia durante la noche.

Nadie hablaba mucho. Cada uno sabía que la prueba no era solo técnica: era mental. El estrés era real, la tensión palpable. Pero también sabíamos que en las crisis no hay espacio para la desesperación. Había que mantener la calma, confiar en la experiencia, y sostenernos unos a otros. En ese silencio compartido, cada gesto contaba. Cada decisión, por pequeña que fuera, tenía el peso del equipo entero. Durante horas, timón tras timón, guardia tras guardia, seguimos aquella luz como si fuera un faro en movimiento, la única guía en la inmensidad del mar.

Pasaron las horas, las olas y el cansancio. El amanecer trajo calma, pero también incertidumbre. Faltaban aún tres noches para completar la travesía, y debíamos decidir: ¿arriesgar el resto del trayecto sin instrumentos o abandonar?

En ese momento de duda, cuando la moral pendía del hilo del cansancio, recordamos un viejo Garmin GPS a pilas guardado , una unidad pequeña, casi olvidada. Lo encendimos, esperamos unos segundos… y de pronto, la pantalla cobró vida: rumbo, y posición. Una chispa de esperanza nos recorrió a todos.

El Garmin no solo nos devolvió la orientación, nos devolvió la calma y la fé. Recalibramos las velas, corregimos el rumbo y, sobre todo, recuperamos el espíritu. Las siguientes noches ya no fueron de miedo, sino de propósito.

Navegamos apoyándonos en un solo instrumento y en la coordinación de instinto de cada maniobra. Tres días después, cruzamos la línea de llegada.

Ok

No fuimos los más rápidos, pero sí los más resilientes. Habíamos comprobado que, en el mar —como en la vida—, cuando todo se apaga, mantener la calma y confiar en el equipo vale más que la mejor tecnología. Porque al final, en nosotros está buscar siempre esa luz, y Dios que guíe nuestro rumbo

Por capitán Ec. Andrés Rizzo R. Velero Negra 717, Swan 45

 

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